Crítica estreno: Los juegos del hambre

Battle Royale es una película… uy, perdón, me he confundido (no se porque). Empecemos de nuevo.

Los juegos del hambre es una película basada en la novela del mismo nombre de la escritora Suzanne Collins que nos sitúa en un mundo postapocalíptico donde unos malvados personajes controlan el país en el que viven desde su capital (llamada el capitolio) y tienen subyugada a la población, que se distribuye en 12 distritos, gracias a un juego anual donde enfrentan a dos jóvenes de cada distrito en un juego de muerte y supervivencia donde solo puede quedar uno. Vamos, un escenario de lo más original. De hecho es precisamente eso lo que no vamos a entrar en esta película de Gary Ross, originalidad. Toda la historia es previsible hasta el extremo de saber que va a suceder en la siguiente escena y, además, está plagada de tópicos y clichés, que los amantes de la ciencia ficción hemos visto por activa y por pasiva, que no aportan nada nuevo.

Vaya por delante el hecho de que yo no he leído los libros (y tampoco tengo intención, tengo muchos libros que me llaman mucho más en los que invertir mi tiempo) por ello voy a hablar de la película como película y no voy a hacer comparaciones con la novela. Sí se que esta película tiene uno de los errores que tienen la mayoría de adaptaciones de libros al cine, su extremada velocidad casi mareante, donde las escenas se suceden una tras otras con pocas explicaciones y donde el espectador debe entender en menos de 30 segundos de metraje lo que seguramente se explique en un capítulo del libro, a pesar de todo, este defecto no es extremo (como en la brújula dorada, por ejemplo, donde apenas había hilo de continuidad) y la película puede entenderse a pesar de las lagunas.

El problema más grave que tiene esta película es que no sabe donde ubicarse, tiene un problema de identidad. En la historia hay cuatro partes muy diferenciadas entre sí (voy a intentar no entrar en demasiado detalle, pero aún así si eres muy sensible a los espoilers es mejor que dejes de leer los próximos cuatro párrafos): Una primera parte donde se nos presenta a la protagonista principal (una Jennifer Lawrence haciendo un trabajo decente, pero olvidable), sus habilidades y el contexto en el que vive. Se nota que tratan de hacernos empatizar con ella para que suframos como ella lo hace a lo largo de la película, pero como esta parte es tan extremadamente corta y, por algún motivo que escapa a mi comprensión, el director decidió que una cámara siempre en movimiento ondulante le daría un mayor realismo (cuando lo que hace es marearte) este vínculo entre el protagonista y el espectador es imposible.

Llegas a la segunda parte mareado y casi sin darte cuenta de que está pasando, con silencios muy mal utilizados y escenas que rozan el ridículo. La segunda parte es, a todas luces, la peor. – ¿Quién fue el director de vestuario? Deberíamos tener una charla con él y preguntarle qué había bebido esa noche -. En la segunda parte los dos chavales del distrito 12 (donde se encuentra nuestra protagonista) llegan al Capitolio y conocen un mundo absolutamente plano, con personajes vestidos de forma ridícula y sin ningún tipo de psicología. Imagino (porque se vislumbra) que hay una crítica a la sociedad alienada y pegada a una televisión en la que se encuentra la nuestra, pero esta crítica está tan mal trabajada y es tan típico su planteamiento que simplemente aburre. El mundo que ha creado esta escritora en la película es un mundo absurdo, sin sentido, sin credibilidad y sin ningún tipo de fondo. (A pesar de tener un mundo igual de mal trabajado el segundo episodio de Black Mirror es una crítica social mucho más potente). Donde los malos son tan malos y amorales como estúpidos. Escenas sin sentido transcurren una detrás de otra, sin preocuparse en hilarlas adecuadamente. Sabes qué cosas pasan, pero no sabes muy bien por qué y sobre todo, nadie sabe para qué.

La tercera parte es un cambio de registro extremo, es aquí (sobretodo) donde la película pierde por completo la identidad y ya no sabe a qué público está dirigido. Es bastante notable que no aparezcan imágenes del trailer de esta parte, y no me extraña, la película se vende como una distopía para niños con una historia de amor “tipo crepúsculo” y de eso en esta parte no hay ni un ápice. Hay supervivencia, violencia y sangre, es la parte más battle royale de todas. Es en esta parte donde el cámara saca todas sus cualidades de movimiento y se suceden escenas de acción, grabadas casi en primera persona, de las que sales con un mareo del quince. Aún así es la parte que más me gustó pero claro no pegaba nada con el resto de la película. Es en esta parte donde aparecen los elementos críticos que desea transmitir la película, alienación, rebeldía, libertad, opresión… pero como decía anteriormente, quedan colgando.

Por último, llegamos a la cuarta parte, el despropósito final. Surge el peor giro argumental de la historia del cine para intentar excusar una de las historias de amor más chorra de la historia del cine. Ahí lo dejo. Se vuelve a mostrar la inutilidad de los malvados y, en general, la estupidez de mundo que se ha construido. Después un momento que roza la epicidad pero lo destroza con un final absolutamente previsible, ñoño y ridículo.

En fin, que no, que no merece la pena pagar el dinero de esta entrada. La película no tiene un mal material técnico, pero la historia deja mucho que desear. Por eso no voy a leerme los libros, no me llaman, y el guión de la película es también de la escritora. En fin, puede que me haya sido duro con esta película, pero odio cuando te venden algo como el gran evento del siglo y luego es una mierda pinchada en un palo (me sucedió lo mismo con la novela Acacia).

Conclusión: si te gustaron los libros quizás te guste la peli, para el resto, no merece la pena el esfuerzo.

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